Crítica de ‘Torrente, Presidente’: no me ha gustado, pero no por lo que crees
Nuestra crítica de Torrente, Presidente parte de una idea que creo que es fácil de entender: la película da exactamente lo que promete. José Luis Torrente sigue siendo José Luis Torrente, con su suciedad, su incorrección, sus barbaridades y esa habilidad casi sobrenatural para meterse donde nadie debería dejarle entrar. El problema es que esta vez todo me ha parecido demasiado básico hasta para él.
Empezamos a verla con pocas expectativas y creo que hicimos bien. No esperaba una comedia sofisticada ni una sátira política de bisturí. Esperaba desconectar, reírme alguna que otra vez y reencontrarme con un personaje que lleva acompañando al cine español desde 1998. Y eso ocurre. Pero también me quedó la sensación de que había material para bastante más.
‘Torrente, Presidente’ da lo que promete, pero casi nunca intenta dar algo más
Si alguien llega hasta Torrente, Presidente esperando que Santiago Segura haya domesticado al personaje, se ha equivocado por completo de película, y casi que de planeta. Esta sexta entrega conserva todo lo peor de su ADN: humor grueso, incorrección, exageración, personajes imposibles y una sátira que convierte la actualidad española en combustible para que Torrente vuelva a hacer de las suyas. Y es que eso es precisamente lo que es Torrente, así que o lo tomas o lo dejas.
Por eso parto de la base de que, aunque no comulgo para nada con el personaje, este es el que es. Si sabes de antemano que no te gusta lo que vas a ver y no vas con la mente abierta, el problema no es de la película, sino tuyo, y ahí no me queda otra que estar del lado del director de Torrente, Presidente.
Torrente no debería pedir perdón por ser Torrente. De hecho, la película funciona mejor cuando abraza esa identidad y deja que el protagonista choque con asesores, políticos, periodistas y personajes públicos.
La propia idea inicial lo coloca como portavoz de un partido populista y aspirante a presidente de España. Ahí está: un terreno hecho a medida para su caradura, sus prejuicios y su particular forma de solucionar problemas.
Lo que me sorprende es que el guión saque tan poco partido de una situación con tantas posibilidades. Hay ocurrencias eficaces, pero muchas se quedan en la primera capa. Parece que plantear la barbaridad ya fuese suficiente, sin necesidad de construir un remate mejor. Y es una auténtica pena.
El mayor problema de esta crítica de ‘Torrente, Presidente’ está en los chistes y la realización
Lo que menos me ha convencido no es el humor ofensivo, ya sabía que iba a estar ahí, sino su elaboración. Muchos chistes aparecen, cumplen su función y desaparecen sin una construcción ingeniosa. A eso se añade una puesta en escena que, en varios momentos, me ha resultado funcional, con transiciones entre planos y escenas bastante toscas.
No necesito que una película de Torrente parezca dirigida por David Fincher, desde luego. Tampoco espero que cada gag esconda tres niveles de lectura. Pero una comedia sí necesita de cierta precisión, y aquí, para mí, brilla por su ausencia.
El ritmo de un corte, la duración de una reacción o el instante exacto en el que llega un remate pueden convertir una tontería en una carcajada. Aquí he sentido demasiadas veces que la cámara simplemente registra lo que ocurre.
Algunas transiciones me sacaron incluso de la película. No porque sean incomprensibles, sino porque se nota demasiado el mecanismo. Y cuando una comedia te deja tiempo para pensar en el montaje mientras debería hacerte reír, es que parte del ritmo se ha perdido por el camino.
Aquí tienes el tráiler de ‘Torrente, Presidente’ por si no lo has visto aún:
La persecución del tramo final repite demasiado una idea que ya habíamos entendido
La sensación de repetición se vuelve mucho más evidente cuando comienza la gran persecución. Lo que debería disparar el ritmo termina alargando situaciones, reiterando golpes y volviendo una y otra vez sobre recursos muy parecidos. Hay movimiento constante, pero para mí eso no significa que exista una verdadera progresión cómica.
Esta parte resume bastante bien mi principal problema con Torrente, Presidente: Santiago Segura tiene una idea que ya conocemos, la ejecuta y después insiste en ella más de lo necesario. El gag funciona una vez. La segunda todavía puede tener gracia. A la tercera, la película empieza a desangrarse.
Y ojo, no es que falten cosas en pantalla precisamente. De hecho, ocurre casi lo contrario: hay ruido, carreras, apariciones y estímulos continuos. Lo que echo de menos es una mejor selección.
A veces, quitar una repetición consigue que el chiste anterior parezca mucho mejor. Aquí habría agradecido bastante más tijera y algo menos de confianza en que acumular situaciones equivale necesariamente a conseguir más carcajadas. Spoiler: no pasa.
Los cameos de ‘Torrente, Presidente’ y los viejos ayudantes sí funcionan de maravilla
Donde Torrente, Presidente demuestra que conoce perfectamente a su público es en los cameos y los regresos. Santiago Segura recupera a un buen número de personajes ligados a entregas anteriores y convierte muchas de sus apariciones en pequeñas recompensas para quienes llevan dos décadas viendo cómo Torrente cambia de compañero sin cambiar jamás él. Ahí tengo que reconocer que me ganó.
Gabino Diego recupera a Cuco con bastante presencia, haciendo que nos preguntemos por qué ha tardado en volver. También vuelven los personajes interpretados por Javier Cámara, Neus Asensi, Kiko Rivera o Jesulín de Ubrique. Y, por supuesto, reaparecen Cañita Brava, Barragán, Xavier Deltell y Fernando Esteso, entre otros viejos conocidos.
No hace falta que cada regreso haga avanzar la historia. Su función es activar nuestra memoria. Lo mismo ocurre con las alusiones a escenas y bromas que los aficionados recuerdan de las películas anteriores. Es fan service, por supuesto, pero del que tiene sentido.
Además, la lista de cameos nuevos es enorme. Mariano Rajoy, Jordi Évole, Ana Rosa Quintana, Pablo Motos, Carlos Herrera, Alec Baldwin o Kevin Spacey son únicamente algunos ejemplos del gran desfile preparado por Segura.
Unos tienen más gracia que otros, pero ese viejo juego de señalar la pantalla y decir ‘¡mira quién sale!’ continúa funcionando sorprendentemente bien.
Y creo que ahí aparece algo que la parte nueva de la historia no consigue siempre: complicidad. La primera película llegó en 1998. Casi tres décadas después, reconocer a determinados personajes lleva inevitablemente asociado un recuerdo.
¿Merece la pena ver ‘Torrente, Presidente’ en Netflix?
Sí, puede merecer la pena ver Torrente, Presidente si buscas una película para matar el rato, desconectar y no exigirle demasiado. Está disponible en Netflix España desde el 26 de junio de 2026 y funciona especialmente bien como entretenimiento de consumo fácil.
Lo curioso es que esa virtud es también su límite.
Nos sentamos delante de la televisión sin demasiadas expectativas y probablemente sea la mejor manera de adentrarse en ella. Si esperas una sátira política afilada, una comedia visualmente cuidada o una colección interminable de gags de los buenos, creo que te puede decepcionar.
Si, en cambio, has visto las películas anteriores y lo que quieres ver a Torrente haciendo de Torrente, reconocer famosos y comentar barbaridades con alguien en el sofá, cumple. Y no me parece poca cosa. Hay películas que fracasan intentando ser muchísimo más.
Por cierto, no vi la película de Santiago Segura en el cine, así que vi la escena censurada de Torrente, Presidente ya con los emojis. Y qué quieres que te diga, casi que lo agradezco.

Por cierto, el propio Santiago Segura asumió la decisión del cambio, ¡así que todo bien!
Todos ganan: nosotros desconectamos, los cameos ganan escaparate y Santiago Segura vuelve a hacer caja
Al final, resulta difícil negar que la fórmula funciona como negocio y fenómeno popular. Torrente, Presidente superó los 28 millones de euros en los cines españoles y los 3,7 millones de espectadores. Puede gustarte más o menos, pero llenar salas así en 2026 tiene un mérito comercial enorme.
Por eso decía que aquí, de una manera bastante torrentiana, todos terminan ganando.
- Nosotros dejamos de pensar durante un rato.
- Algunos rostros menos habituales ante la cámara encuentran un escaparate gigantesco.
- Los veteranos vuelven a saludar a personajes que quizá creían enterrados.
- Y Santiago Segura demuestra otra vez que sabe convertir a Torrente en dinero.
Veredicto de esta crítica de ‘Torrente, Presidente’: funciona mejor como reencuentro que como película en sí
Mi conclusión sobre Torrente, Presidente es bastante menos escandalosa de lo que podría sugerir el titular. No me ha disgustado porque sea vulgar, incorrecta o excesiva. Eso viene incluido en la entrada desde 1998. Me ha decepcionado porque creo que, aceptando todas esas reglas, la película podía estar bastante mejor hecha.
Me quedo con los cameos, con el regreso de viejos compañeros y con algunos guiños que consiguieron hacerme sonreír. Pero me sobran repeticiones, echo de menos chistes bastante más trabajados y creo que la realización resulta demasiado tosca en varios momentos. Sobre todo, cuando la película intenta acelerar y acaba haciendo exactamente lo contrario.
¿Nuestra experiencia? Sirvió para echar un rato, desconectar y comentar algo después. Poco más. Y quizá ahí esté precisamente parte del secreto de su éxito. Torrente nunca ha prometido arreglarnos la vida, solo ensuciarla durante un par de horas.
Por cierto, el final queda abierto, como de costumbre. Lo más probable es que haya ‘Torrente 7’, vuelva a romper récords, la veamos y volvamos por aquí. Ojalá podamos ser más benévolos con ella la próxima vez.
Preguntas frecuentes sobre ‘Torrente, Presidente’
¿Cuánto dura ‘Torrente, Presidente’?
Torrente, Presidente dura 102 minutos, aproximadamente una hora y 42 minutos.
¿Tiene ‘Torrente, Presidente’ escena postcréditos?
Sí, la película incluye un último gag protagonizado por Torrente que nos devuelve a uno de sus mayores clásicos.
¿Está censurada ‘Torrente, Presidente’ en Netflix?
La versión de Netflix modifica una imagen explícita con emojis. Santiago Segura aclaró posteriormente que la decisión fue suya y no una imposición de la plataforma.
¿Hay que ver las cinco películas anteriores de Torrente?
No, la historia se entiende de forma independiente, aunque conocer las cinco entregas anteriores permite disfrutar mucho más los regresos, las referencias y los cameos.