Crítica de ‘El cuento de la criada’: Gilead impresiona hasta el final aunque June se repita un poco
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Nuestra crítica de El cuento de la criada recorre las seis temporadas sin destripar sus grandes giros. La adaptación de Hulu de la obra de Margaret Atwood construye una distopía aterradora, compleja y visualmente inolvidable, sostenida por uno de los mejores repartos de la televisión reciente.
No todo funciona igual de bien, desde luego, y eso también lo diremos en su momento. El relato se alarga, June reincide en algunos gestos y la tensión pierde fuerza. Aun así, puedo decir que hemos llegado encantados junto a June Osborne hasta el final del camino.
Crítica de ‘El cuento de la criada’: una serie imprescindible, aunque no perfecta
El cuento de la criada es una gran serie que no siempre administra bien su enorme potencial. Su primera mitad resulta absorbente, mientras que la segunda acusa repeticiones y desvíos. Sin embargo, Gilead, sus conflictos morales y sus extraordinarias intérpretes mantienen vivo un relato difícil de olvidar.
¿Qué narra ‘El cuento de la criada’ y qué libro adapta?
La serie adapta El cuento de la criada, la novela que Margaret Atwood publicó en 1985. Narra la vida de June Osborne, rebautizada como Defred tras la creación de Gilead: una teocracia totalitaria que arrebata sus derechos a las mujeres y utiliza a las fértiles como criadas obligadas a concebir para otras familias.
Una crisis medioambiental y el desplome de la natalidad proporcionan al régimen su justificación. Los dirigentes prometen orden, pero construyen una sociedad basada en castas, vigilancia, castigos y esclavitud reproductiva. June ha sido separada de Luke, su marido, y de Hannah, su hija. Desde ese mismo momento, sobrevivir y recuperarla se convierten en sus grandes motores.
Atwood no pretendía adivinar el futuro. Construyó su ficción con prácticas que ya habían existido en distintos lugares y momentos históricos. Esa conexión con lo real explica parte de su vigencia. En nuestra crítica del libro El cuento de la criada analizamos con más detalle por qué la novela sigue provocando tanto miedo aún hoy.
Gilead está representada con una precisión escalofriante
La representación de Gilead en pantalla es aterradora porque no parece un decorado fantástico, sino una sociedad completa con leyes, ritos, rangos y lenguaje propios. Cada prenda, saludo y espacio comunica quién manda y quién debe obedecer. La serie explica esas dinámicas gradualmente, permitiéndonos aprenderlas al mismo tiempo que tememos sus consecuencias.
Comandantes, Esposas, Tías, Marthas, Ojos y Criadas ocupan posiciones muy distintas. Sin embargo, casi nadie vive libre del miedo. Los hombres que dominan el sistema también compiten entre sí, mientras que algunas mujeres sostienen activamente una estructura que las limita. Esa contradicción aporta espesor político y evita una representación completamente plana.
El vestuario y la fotografía convierten el control en imágenes
El apartado visual no se limita a embellecer el sufrimiento: organiza Gilead ante nuestros ojos. El rojo identifica a las Criadas, el verde a las Esposas y el gris a las Marthas. Esa codificación transforma cada plano colectivo en un mapa instantáneo del poder y la fertilidad.
La directora Reed Morano y el director de fotografía Colin Watkinson definieron una gramática muy precisa. Según explicaron a American Cinematographer, Gilead emplea composiciones rígidas, simétricas y aislantes. Los recuerdos anteriores al régimen recurren a una cámara más libre, cercana y compartida.

Del libro de Margaret Atwood a una historia de seis temporadas
La primera temporada recoge el núcleo de la novela y conserva su mirada íntima. Después, la serie avanza más allá del texto original, desarrollando personajes secundarios y ampliando la geografía de Gilead. La operación permite descubrir mucho más, aunque también debilita la incertidumbre que hacía tan asfixiante al libro.
Bruce Miller explicó que las modificaciones fueron conversadas con Atwood. Algunas nacieron al convertir una sola frase de la novela en un episodio entero. La autora participó como productora consultora primero y coproductora ejecutiva después.
¿Podía haber ocurrido lo del final de Juego de Tronos? Por supuesto, pero te adelanto que aquí salvaron bastante bien los muebles.
El reparto de ‘El cuento de la criada’ sostiene toda la serie
El reparto de El cuento de la criada convierte personajes extremos en seres humanos reconocibles.
- Elisabeth Moss lidera el conjunto, pero Yvonne Strahovski, Ann Dowd, Madeline Brewer y Samira Wiley evitan que todo dependa únicamente de June. Sus interpretaciones permiten observar distintas formas de sobrevivir, colaborar y resistir.
- Joseph Fiennes aporta al comandante Fred Waterford una mezcla inquietante de autoridad, vanidad y cobardía.
- Max Minghella mantiene la ambigüedad de Nick.
- O-T Fagbenle expresa como Luke el desgaste de amar a alguien marcado por un trauma enorme.
- Bradley Whitford introduce ironía e imprevisibilidad mediante el comandante Lawrence.
Elisabeth Moss hace imprescindible a June Osborne
Elisabeth Moss carga con un personaje que debe pensar mucho más de lo que puede decir. Su rostro transmite cálculo, rabia, miedo y desafío con cambios mínimos. June Osborne se vuelve imprescindible porque Moss consigue que cada decisión nazca de la supervivencia, la maternidad o las heridas acumuladas.
Ahora bien, nuestra opinión de El cuento de la criada también admite cansancio. En el último tercio, June repite ciertas miradas a cámara, explosiones de ira y actitudes impulsivas que se hacen complicadas de digerir. El recurso, antes hipnótico, pierde parte de su fuerza. La narración tiende además a colocarla en el centro de sucesos que podrían pertenecer a otras mujeres.

Aun así, esta historia no se entiende sin ella. Sus contradicciones no siempre resultan agradables, pero son coherentes con alguien deformado por la violencia. Después de tantos años, estamos encantados de haber acompañado a June hasta el final del camino.
Serena Joy y Tía Lydia son mucho más que antagonistas
Yvonne Strahovski y Ann Dowd reciben dos de los personajes más complejos.
- Serena Joy ayudó a levantar un sistema que también la encierra.
- Tía Lydia aplica su violencia convencida de servir a una causa superior.
Ninguna queda absuelta, pero ambas reciben espacio para mostrar contradicciones muy incómodas.
Strahovski puede pasar de la vulnerabilidad a la crueldad sin romper la continuidad emocional de Serena. Dowd, por su parte, convierte una pausa o una frase amable en amenaza. Su Tía Lydia es tan importante que continúa en Los testamentos, cuya primera temporada ya hemos analizado.
La relación entre June y Serena constituye uno de los ejes más fértiles de la serie. Se necesitan, se reconocen y se dañan. A veces, el guión fuerza demasiado sus encuentros, pero Moss y Strahovski consiguen que cada conversación conserve una electricidad especial.
Janine, Moira y Emily ensanchan la mirada sobre las supervivientes
Madeline Brewer, Samira Wiley y Alexis Bledel impiden que exista una única respuesta ante Gilead.
- Janine se protege mediante el afecto y una fragilidad engañosa.
- Moira busca reconstruirse sin dejar de ayudar.
- Emily transforma una aparente contención en una rabia devastadora.
Las tres merecen cada minuto recibido. De hecho, para mí, el personaje de Emily se merecía aún más si cabe.
Janine acaba siendo el corazón emocional de muchas tramas. Brewer nunca la reduce a víctima, ni siquiera cuando el relato parece empeñado en castigarla. Wiley da a Moira una energía directa, aunque el guión pierde interés en ella durante algunos tramos. En cuanto a Bledel, convierte el silencio de Emily en memoria dolorosa con una facilidad pasmosa.
Ann Dowd también brilló como Patti Levin en The Leftovers, otra de las grandes series del siglo (¡que yo aún no he visto!).
El gran problema: la repetición y un sufrimiento prolongado
He de decir que la serie El cuento de la criada pierde fuerza cuando confunde insistencia temática con repetición narrativa. Algunas fugas, alianzas y enfrentamientos parecen conducir a un cambio definitivo, pero terminan devolviendo a los personajes a posiciones que ya conocemos de sobra. Gilead continúa imponiendo respeto, pero el recorrido necesario para regresar a ella no siempre lo hace.
El sufrimiento tiene una función clara: esta historia habla de un régimen brutal. Sin embargo, la acumulación puede generar distancia en vez de empatía. La cuarta temporada obtuvo el porcentaje crítico más bajo de la serie en Rotten Tomatoes, un 69 %, frente al 94% de la primera. El dato demuestra ese desgaste, aunque no sustituye nuestra valoración.
También sobran minutos en varios episodios. El ritmo solemne, los silencios y la música construyen tensión, pero pierden eficacia cuando todos subrayan la misma idea. Con una temporada menos y mayor confianza en su reparto, el resultado habría sido todavía más contundente.

¿El final de ‘El cuento de la criada’ está a la altura?
Sin entrar en spoilers, el final de la serie ofrece un cierre emocional más sólido que una resolución total del conflicto. No responde cada pregunta ni clausura Gilead por completo, pero sí completa una etapa esencial de June y recupera el corazón de la obra de Atwood: narrar también es una forma de resistencia.
La sexta temporada mejora el pulso y recuerda el poder de la serie en sus mejores momentos. Su desenlace acepta que una dictadura tan compleja no puede desaparecer gracias a una sola heroína. Esa decisión puede frustrar a quien espere todas las piezas perfectamente cerradas, pero nos parece honesta con el universo construido.
Además, de haberse cerrado todo en El cuento de la criada no habríamos podido disfrutar de Los testamentos, adaptación de la secuela literaria publicada por Atwood en 2019, yo diría que casi a ‘corre que te pillo’ de cara a la producción de la serie.
La nueva ficción cambia el centro de atención hacia otra generación y conserva a Tía Lydia. Además, su segunda temporada ya está en producción.
Nuestra opinión: ¿merece la pena ver ‘El cuento de la criada’ completa?
Sí, para mí merece la pena ver El cuento de la criada, y mucho, siempre que tengas en cuenta que la serie requiere de paciencia y tolerancia ante imágenes muy duras. Pocas series han construido un mundo tan reconocible, han convertido su vestuario en iconografía popular o han reunido tantas interpretaciones femeninas de semejante nivel.
Nuestra crítica de El cuento de la criada, como ya hemos comentado, no puede ignorar su pérdida de ritmo, los primeros planos reiterados ni las decisiones circulares de June. Tampoco olvida que, incluso en sus episodios menos inspirados, Gilead sigue pareciendo real. Y esa capacidad para inquietarnos no se mantiene durante 66 capítulos por casualidad.
Nos quedamos con una serie ambiciosa, irregular y, ante todo, necesaria. Su mejor temporada pertenece a la historia de la televisión, y las menos redondas todavía incluyen escenas formidables.
Sí, June puede cansarnos porque insiste, tropieza y vuelve a empezar. Pero es precisamente por eso por lo que despedirla se parece un poco a despedir a alguien a quien conocemos de verdad.
Preguntas frecuentes sobre ‘El cuento de la criada’
¿Cuántas temporadas tiene ‘El cuento de la criada’?
El cuento de la criada tiene seis temporadas. Hulu estrenó la primera en abril de 2017 y cerró la serie con su sexta entrega en mayo de 2025.
¿Cuántos capítulos tiene la serie completa?
La serie suma 66 episodios: diez en la primera temporada, trece en la segunda y tercera, y diez en cada una de las tres últimas entregas.
¿Dónde ver ‘El cuento de la criada’ en España?
Las seis temporadas de El cuento de la criada están disponibles en Disney+ España.
¿‘Los testamentos’ es la continuación de ‘El cuento de la criada’?
Sí, Los testamentos continúa el universo de Gilead varios años después, adapta la secuela de Margaret Atwood y recupera a Ann Dowd como Tía Lydia.